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LA RUTA DEL MODERNISMO




San Juan desde su conquista realizada por los españoles, ha venido sufriendo los avatares de la naturaleza: inundaciones provocadas por su río de origen estacional y los sismos de gran magnitud, que provocaron en su momento los traslados para resguardo de la población y de sus intereses económicos y gubernamentales.

 

De las graves inundaciones que sufrió la ciudad de San Juan desde la época colonial, que provocaron el traslado de la ciudad unas leguas más al sur de las orillas del río, se conservan documentos en los que se detallan estos acontecimientos.

 

No se tiene conocimiento de los sismos sufridos en épocas anteriores a 1894, cuando ocurrió un terremoto de gran magnitud con epicentro en la localidad de Albardón, que arrasó con buena parte de la ciudad y sus alrededores. El gobernador de ese momento, Dr. Morón solicitó las ayudas pertinentes y el nombramiento de una comisión encargada al por entonces director de la Escuela Nacional de Minas, Ing. Leopoldo Gómez Terán para realizar un estudio pormenorizado de las consecuencias y manifestaciones físicas del mismo.

 

Pasado un largo período de adormecimiento social y natural, la ciudad volvió a ser abatida por uno de los peores terremotos que se conocen: por su magnitud, su duración, el número de víctimas (hasta el día de hoy se especula con el mismo ya que no se tiene certeza del

número real) y el tiempo en el que la gente lo recuerda, quedando inscripto en la memoria y el imaginario social de la ciudad de San Juan.

 

A consecuencia de este acontecimiento natural, las fuerzas de poder que gobernaban en esa época, organizaron el socorro a los damnificados, solicitando al por entonces Secretario de Trabajo y Previsión de la Nación, el joven Coronel Juan Domingo Perón, que organizara la ayuda, hablando por radio, presidiendo festivales solidarios y logrando recaudar en pocas semanas, más de doce millones de pesos.

 

Estas acciones desarrolladas por el gobierno sirvieron, primero para mitigar el dolor y la falta de viviendas para los damnificados; convirtiendo a la ciudad en una verdadera “toldería” debido a la cantidad de carpas cedidas por los militares y segundo, abrir el camino para un nuevo San Juan.

Con el correr del tiempo el gobierno provincial, juntamente con el nacional, desarrollaron actuaciones que cambiaron para siempre la imagen que tenían de San Juan. Estas tendieron específicamente al estudio de la legislación para la edificación de la ciudad y los planes urbanísticos que se venían gestando desde tiempo atrás, solicitando ayuda a profesionales que vinieron de distintas partes del país y del extranjero.

 

Muchos de ellos pensaron en el traslado de la ciudad al sur, más específicamente a Pocito, lo que se desestimó por razones de que la infraestructura no sufrió ningún daño como así también los problemas que originaron personalidades que tenían propiedades en puntos estratégicos de la ciudad (frente a la plaza, al lado de la catedral y del cabildo).

 

Dada la envergadura de la emergencia, el Gobierno Nacional dispuso la creación de un organismo autárquico, denominado Consejo de Reconstrucción de San Juan, que dependía del Poder Ejecutivo Nacional a través del Ministerio del Interior (Decreto Nº 17.432 del 1-7-44).

 

El Consejo de Reconstrucción fue creado para que planificara y contribuyera a la reconstrucción de la ciudad destruida. La creación del Plan Regulador Urbano respondió a las más avanzadas experiencias en materia de organización urbanística (lo que ha permitido convertir a San Juan en una de las ciudades más modernas de aquella época), a pesar de que no siempre fue respetado, dado los intereses que se le opusieron en determinadas circunstancias.

 

Al acudir la Nación en ayuda de la provincia de Sarmiento, se emprendieron una serie de acciones para atender la emergencia habitacional. La primera fue el aprovisionamiento de carpas y casillas construidas por Gendarmería Nacional; posteriormente la limpieza de los escombros provocados por el derrumbe de los edificios y a la construcción de veinticinco barrios de emergencia.

 

Contabilizando en el Gran San Juan un total de 7.794 viviendas construidas y en los departamentos aledaños fueron distribuidas 1.930 viviendas.

 

Además se presentaron varios planes aunque sólo se tomó en cuenta el elaborado por José María Pastor, asesor urbanístico del Consejo de Reconstrucción, que se basó en los planes urbanos anteriores y específicamente en el de Guido-Carrasco del año 1937.

Para llevarlo a cabo se firmó un convenio entre el gobierno de la provincia y el Consejo de Reconstrucción, por el cual este organismo adquierió poderes de control de las edificaciones en todo el territorio del valle.

 

El interventor de la provincia, Brig. Civati Bernasconi, junto con el Consejo de Reconstrucción, solicitó a la Nación la sesión de los mencionados terrenos para lo cual como primera medida se confeccionó un informe (19-08-57) con el que se determinaron algunos puntos.

 

Posteriormente, y como la ciudad quería levantar las vías que impedían la expansión de la misma, el 11 de noviembre de 1970, en un acto simbólico se inició la demolición del viejo galpón de locomotoras y levantamiento de la mesa giratoria existente. Con esto se rompió, definitivamente, el cinturón de acero que rodeaba el sector oeste del casco urbano. Asimismo se fueron acelerando los trabajos para terminar la estación de cargas de Villa Krause, cuya habilitación aconteció el 10 de junio de 1971. Finalmente, el 30 de septiembre del mismo año, se inauguró la apertura de la Avenida José Ignacio de la Roza.

 

Los trabajos comenzados tuvieron como finalidad la construcción del Centro Cívico, donde se ubicaría la Casa de Gobierno, los Ministerios y la Corte de Justicia, así como la Avenida de Circunvalación, que se convertiría en el segundo cinturón de la ciudad, y la nueva Ley del Lote Hogar, que trataría de paliar el déficit habitacional.

 

El período de reconstrucción de la ciudad fue largo y llega hasta nuestros días con la parquización de la Avenida de Circunvalación, el traslado de villas de emergencia a las periferias de la ciudad y la construcción de edificios en altura que desafían los futuros acontecimientos naturales.

 




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